¿QUIÉN TIENE DE REHÉN A LA GENTE?


La reunión de la Comisión de Servicios Públicos Concedidos del Concejo Municipal de nuestra ciudad, que tuvo lugar hace una semana, recibió a dos referentes del sector taxista, Natalia Gaitán, de CAMTAR y Mario Cesca, de ATTI. Este último, aparentemente, no concurrió en su carácter de presidente de la Asociación de Titulares de Taxis Independientes, sino como representante de Uber.

En la reunión, entre otras barbaridades, dijo:

"Si ellos cobran 5 y nosotros 10, el precio es 5. Lo demás es lastre".

"Somos concientes de que se terminó la dictadura del Estado en materia de movilidad".

"El odio que nos tiene la gente es porque la tuvimos de rehén toda la vida".

Sobre lo primero, decimos, ante todo, que el taxi, al ser servicio público, tiene tarifa, no precio. Se olvidó Cesca de ese detalle, que no es menor. Otros "detalles", que tampoco son menores, son que Uber y DiDi, (las dos empresas ilegales que operan en Rosario) no invierten en un auto, no gastan en repuestos, no pagan patente, ni impuestos, ni servicios, ni obra social de los choferes y, en Argentina, como empresa, sencillamente, no pagan nada. Sólo coimas a políticos (ver Uber files) y un poquito para asignar a publicidad y a abogados. En 2.024, en el ranking mundial de facturación, Uber aparece, por encima de algunas petroleras, en cuarto lugar y, de los 44.000 millones de dólares facturados, una cuarta parte la declaran como ganancia neta. O sea que, queda claro, podría, para quedarse con el mercado rosarino, regalar los viajes hasta hacer fundir a la competencia, compuesta por taxis y remises locales y otras empresas extranjeras de transporte con aplicaciones ¿Se entiende el porqué de la baratura de los viajes? Obviamente, finalizada la etapa del dumping, valuaría los viajes a su antojo, sin tener en cuenta al usuario al que, por otra parte, consideran cliente, lo que no es lo mismo.

Sobre lo segundo, afirmamos que, cuando hablamos de servicio público, el Estado debe regular, lo cual no significa dictadura alguna. Son servicios públicos básicos la salud, la educación, la energía eléctrica, el gas, el agua, el transporte, las comunicaciones, etc. Y, por otra parte, muchos de estos son derechos que tiene la gente, consagrados por nuestra Constitución Nacional y por los pactos internacionales con rango constitucional. Por eso debe intervenir el Estado. Y, sencillamente, porque casi todos son servicios estratégicos. Vamos a poner un ejemplo absurdo para que se entienda: Una empresa chilena toma la concesión de la provisión de agua potable en todo nuestro país. Argentina entra en guerra con Chile. La empresa corta el agua o provee un goteo insuficiente. ¿Puede combatir alguien que está al borde de la deshidratación? El ejemplo es extremo pero, suponemos, fácil de comprender. Por eso, creemos que el Estado debe garantizar la prestación de los servicios públicos haciéndolo de manera directa, o regulándolos con toda la autoridad que le confieren las normas, si los presta un privado. Exigiéndoles a los prestadores respeto de la tarifa que fije la municipalidad y de las condiciones de la prestación del servicio, para no dejar a la ciudadanía desprotegida ante tamaños monstruos como Uber, DiDi, Maxim, In Drive, etc. Y reservándose el derecho de autorizar, o no, a estas multinacionales ilegales hasta hoy. Para Cesca, esto será una dictadura. Para Paradas Libres, es responsabilidad del Estado.

Sobre lo tercero, creemos que, además de un error, es una gran estupidez la afirmación. Es cierto que en los barrios mas periféricos se demora mas que en el centro en conseguir un taxi. Pero quien odia al taxi por esa razón y no comprende que, por la enorme diferencia en la densidad poblacional entre el centro y los barrios, al taxista le conviene estar en el centro, dado que tiene diez veces mas posibilidades de concretar un viaje que en un barrio, no entiende nada. Distinto sería si el taxista percibiese un sueldo igual, haciendo dos viajes que haciendo treinta. Obviamente, los taxis circularían por David Peña y Francisco de Miranda, por Punta del Quebracho y Manuel Galvez, por Donado y José Ingenieros, por Carlos Gardel y Francisco Canaro, por Aurora y Suipacha, por Copacabana y Punta del Indio, por Paraguay y Leticia, tanto como por Sarmiento y Córdoba. También está el que hace cuentas superficiales, tras abonar $10.000 un viaje de 15 minutos de duración y cree que el taxista recauda o, peor aun, gana, $40.000 por hora, $400.000 por día, $10 millones por mes. Un verdadero disparate. El tiempo desocupado, que cada día es mayor, el costo operativo, los imprevistos, el gasto del personal en blanco, etc. llevan esos números a menos del 10% pero, siempre está el que envidia (injustificadamente en este caso) y el que, a raiz de esa envidia, odia. En fin...

En cuanto a tener de rehén al pasajero:

Uber, si el pasajero demora mas de cinco minutos en salir, cancela el viaje. El taxista, por líneas generales, espera 10 minutos.

Uber, si el pasajero anula el viaje que solicitó, lo multa económicamente. El taxi no.

Uber fija el recorrido del viaje  Un taxista le dice al pasajero que recorrido es mas conveniente pero, hace el recorrido que prefiere el usuario.

Uber no acepta un cambio de planes. Cualquier taxista comprende que, si debe cambiar el destino, o desviarse oara hacer alguna escala, estas son decisiones del pasajero y, obviamente, las acepta sin inconvenientes.

Uber, si bien en muchos horarios es mas barato que el taxi, cuando mas falta hace movilizarse, por ser horario pico, por lluvia, o por cualesquier otras circunstancias, se aprovecha de ello, tarifa dinámica mediante, y cobra el doble o el triple que lo que un taxi. Es obvio que la frase "servicio público" no está en el diccionario de Uber ni de ninguna de estas empresas piratas. El taxi, como corresponde a un servicio público, cobra siempre la tarifa fijada por la municipalidad. Con sol, con lluvia, al horario de salida de los boliches o entrada de los colegios, el usuario sabe que no lo van a estafar

Todo lo mencionado, siempre fue así. Desde antes de la llegada ilegal de las empresas de transporte de personas a traves de apps a nuestra ciudad. El taxista nunca se abusó de su condición monopólica. Uber, sabiendo que, por cobrar mas barato en muchos horarios, cuenta con la preferencia de la gente, abusa de ello, como lo reflejan los datos objetivos citados en los items precedentes. Imagínese el lector, si esta es la actitud de Uber al tener posición dominante (merced a la desidia del poder político rosarino) lo que sería si tuviera el monopolio, como lo tuvo, durante tantos años, el taxi.

Nos preguntamos entonces, tras el desvarío de la frase de Mario Cesca, ¿Quién tiene de rehén a la gente?

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